A favor o en contra

Los gobernadores tienen la llave: cómo se negocia el futuro de las reformas de Milei

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Mientras se acerca el debate del Presupuesto 2026, el Gobierno impulsa una estrategia quirúrgica: negociar uno por uno con los gobernadores para asegurar los votos que habiliten la reforma laboral, impositiva y del Código Penal. El tablero del Congreso ya no se ordena por bloques, sino por provincias.

Los gobernadores vuelven al centro del escenario

El futuro de la agenda reformista que impulsa Javier Milei está en manos de los gobernadores. No es una metáfora ni un diagnóstico exagerado: son ellos quienes controlan entre 60 y 65 diputados y alrededor de 20 senadores, según la capacidad real de influencia que cada gobernador ejerce sobre su delegación. Y con esos números, cualquier proyecto clave depende de cuánto esté dispuesto el Ejecutivo a conceder en fondos y obras dentro del Presupuesto 2026.

La Rosada lo entiende a la perfección. Por eso, la estrategia que hoy domina el clima político es clara: negociación gobernador por gobernador. Sin intermediarios. Sin rigideces partidarias. Y con el presupuesto como principal moneda de cambio.

La estrategia Milei-Santilli: política de precisión

Tras el triunfo del 26 de octubre, La Libertad Avanza reforzó su presencia parlamentaria: 7 u 8 senadores propios y 41 a 43 diputados en la Cámara baja. Aun así, no alcanza para imponer agenda sin apoyo externo.

Por eso, Milei colocó a Diego Santilli como interlocutor directo de los mandatarios provinciales. La premisa es simple: cada voto vale, y cada voto tiene precio. Desde obras demoradas hasta financiamiento, pasando por reclamos históricos como la coparticipación porteña, la negociación se concentra en la letra fina del Presupuesto.

Los gobernadores lo saben. Y no piensan regalar nada.

Dónde están los votos que el Gobierno puede sumar

De los 60–65 diputados y unos 20 senadores que responden a distintos gobiernos provinciales, alrededor de 25 diputados y entre 8 y 10 senadores integran el grupo “negociable”. Son mandatarios que ya han mostrado predisposición al diálogo o que, directamente, mantienen una buena relación con Casa Rosada.

Allí se destacan figuras como Jorge Macri (CABA), Rogelio Frigerio (Entre Ríos), Alfredo Cornejo (Mendoza), Leandro Zdero (Chaco) y Claudio Poggi (San Luis). Son los aliados naturales y los primeros con los que el Gobierno busca sellar acuerdos.

El segundo grupo, denominado por consultoras políticas como “los árbitros”, incluye gobernadores como Maximiliano Pullaro (Santa Fe), Martín Llaryora (Córdoba), Ignacio Torres (Chubut), Gustavo Valdés (Corrientes), Carlos Sadir (Jujuy) y Claudio Vidal (Santa Cruz). Entre ellos reúnen entre 10 y 12 diputados y 6 a 7 senadores capaces de definir una votación.

Completa la categoría el bloque donde aparecen Hugo Passalacqua (Misiones), Rolando Figueroa (Neuquén), Gustavo Sáenz (Salta), Marcelo Orrego (San Juan) y Alberto Weretilneck (Río Negro). Aportan alrededor de 8 a 10 diputados y 3 a 4 senadores.

Quiénes están afuera del radar

La Rosada también trazó una línea clara respecto de los gobernadores con los que no habrá diálogo por ahora. Allí aparecen Axel Kicillof (Buenos Aires), Gildo Insfrán (Formosa), Gustavo Melella (Tierra del Fuego) y Ricardo Quintela (La Rioja). Ninguno fue citado a Casa Rosada y ninguno tendrá reunión con Santilli en esta instancia.

Esos mandatarios controlan alrededor de 20 a 22 diputados y 6 a 7 senadores, que muy probablemente no acompañarán ninguno de los proyectos centrales del Gobierno.

Los matices dentro del peronismo

Si bien parte del PJ aparece con postura más rígida, hay gobernadores que se mueven con pragmatismo. El caso de Raúl Jalil (Catamarca) es uno de los más comentados en el Congreso: maneja 3 o 4 diputados y 2 senadores, y se muestra cada vez más cercano al oficialismo. Incluso circula la versión de que podría armar un bloque aparte.

Otro actor decisivo es Gerardo Zamora (Santiago del Estero), que controla la totalidad de los legisladores de su provincia: 3 senadores y 7 diputados. No es un opositor frontal y, llegado el momento, podría inclinar la balanza.

Reformas en pausa, Presupuesto en el centro

El gobierno tiene tres reformas centrales esperando tratamiento: la laboral, la impositiva y la actualización del Código Penal. Ninguna avanzará si antes no se aprueba el Presupuesto 2026, que es donde aparecen las concesiones que los gobernadores exigen a cambio de su apoyo.

Por eso, la discusión del presupuesto es el verdadero corazón de la pelea política. Lo que ahí se negocie definirá el resto de la agenda legislativa del oficialismo.

Una votación que se pintará por provincia

En los pasillos del Congreso ya se admite lo obvio: este año, la votación de las leyes no se dividirá por bloques sino por gobernaciones. Cada provincia llegará al recinto con su acuerdo cerrado o su conflicto activo. No habrá disciplina partidaria homogénea, sino negociación individual.

Y ahí está la incógnita central: ¿cuántos gobernadores están dispuestos a acompañar y cuántos usarán su poder como herramienta de presión?

Un proceso que recién comienza

Mientras los técnicos ajustan la letra chica del Presupuesto 2026 y Santilli continúa la ronda de reuniones, el tablero político se mueve en silencio. Lo que se defina en las próximas semanas marcará no solo la suerte de las reformas, sino la relación futura entre el Gobierno y las provincias.

La pregunta final es inevitable: ¿quién terminará imponiendo condiciones cuando llegue el momento de votar?

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