A 25 años del 11-S, así cambió la seguridad y la geopolítica global

A 25 años del atentado 11-S que tumbaron las Torres Gemelas y golpearon el Pentágono.
A 25 años del atentado 11-S que tumbaron las Torres Gemelas y golpearon el Pentágono.
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Pasó un cuarto de siglo desde aquel martes que todavía define cómo viajamos, cómo nos espían y cómo pelean hoy las grandes potencias. Te contamos por qué.

Se cumplen 25 años de los atentados que tumbaron las Torres Gemelas y golpearon el Pentágono, y el mundo que salió de esa jornada no se parece al anterior. Casi 3.000 personas murieron el 11 de septiembre de 2001, y lo que empezó como una tragedia puntual terminó reescribiendo cómo viajamos, cómo nos vigilan los Estados y cómo se mueven las potencias globales.

Un aeropuerto que ya no es el mismo

Antes de ese día, viajar en avión era otra cosa. Los pasajeros llegaban minutos antes de embarcar, los familiares acompañaban hasta la puerta y los controles corrían por cuenta de contratistas privados mal pagos. Se podían llevar cuchillas de hasta cuatro pulgadas a bordo. Nadie imaginaba un avión como arma.

El 19 de noviembre de 2001 eso se terminó. Bush firmó la ley que creó la TSA, la agencia que federalizó la seguridad aeroportuaria en Estados Unidos. Para fines de 2002 ya había contratado a casi 60.000 empleados en más de 400 aeropuertos. Los escáneres, las colas eternas y el «sacate los zapatos» nacieron ahí.

Vigilancia, leyes y un nuevo enemigo

En simultáneo, el Congreso aprobó la Patriot Act, que le dio al Gobierno más poder para espiar, investigar y rastrear el dinero de organizaciones terroristas. Se creó además el Departamento de Seguridad Nacional. La sigla DHS quedó instalada para siempre en el vocabulario de la seguridad estadounidense.

Bush habló de «guerra contra el terrorismo» apenas nueve días después del ataque. Y no se quedó en discurso: en octubre de 2001 empezó la invasión de Afganistán para desalojar a los talibanes y desarmar a Al Qaeda. Fue, además, la única vez en la historia en que la OTAN invocó el Artículo 5, la cláusula que declara que atacar a un miembro es atacar a todos.

El tablero mundial, distinto

La guerra de Afganistán duró veinte años, hasta 2021. En 2003 llegó la invasión de Irak. Mientras Washington gastaba recursos, tropas y prestigio en esos dos frentes, China creció hasta convertirse en una potencia capaz de disputarle influencia global. Rusia y China, por su lado, aceleraron programas de rearme con tecnología como misiles hipersónicos, algo que erosionó la ventaja militar que Estados Unidos daba por garantizada.

Al principio hubo solidaridad casi unánime con Estados Unidos, incluso desde el mundo árabe. Esa simpatía se fue desgastando con cada nueva guerra.

Un golpe que también se sintió en el bolsillo

Wall Street cerró temporalmente. Turismo, aviación y seguros perdieron plata en cantidades enormes. Y el costo humano siguió sumando años después: más de 9.400 personas murieron por enfermedades ligadas a la exposición tóxica en la Zona Cero, según un programa federal de vigilancia médica.

Un cuarto de siglo después, la lógica de la «guerra preventiva» que nació ese día sigue asomando en conflictos actuales. El 11-S no fue solo una fecha trágica: fue el punto de quiebre que terminó de ordenar —o desordenar— la geopolítica que conocemos hoy.

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