En una emisión distinta a las habituales, Mario Pergolini reunió a Estanislao Bachrach y Joaquín Levinton en su programa Otro Día Perdido. Lo que comenzó como una entrevista terminó siendo una verdadera clase abierta sobre la ansiedad y el poder del silencio interior.
Bachrach, conocido por su enfoque científico sobre las emociones, explicó que la meditación no es una moda, sino una herramienta de entrenamiento mental que permite observar los pensamientos sin quedar atrapados en ellos. “No se trata de dejar de pensar, sino de aprender a pensar distinto”, afirmó con serenidad.
El músico como espejo
Del otro lado, Joaquín Levinton se convirtió en el ejemplo más humano de la charla. El líder de Turf reconoció que muchas veces la ansiedad lo domina y que encuentra en la música una forma de escape, aunque no siempre alcanza. “Hay momentos en los que el ruido interno no se apaga ni con una guitarra en la mano”, confesó.
Sus palabras generaron un clima de empatía en el estudio. La conversación dejó de ser teórica y se volvió una experiencia compartida sobre cómo el ritmo acelerado del día a día afecta incluso a quienes parecen tenerlo todo.
Cinco claves de Bachrach para entrenar la mente
Durante la charla, Bachrach resumió en cinco puntos su visión sobre cómo enfrentar la ansiedad y encontrar calma:
- Respirar conscientemente. Detenerse unos segundos y tomar aire profundo puede cambiar el estado mental.
- Observar sin juzgar. No pelear con los pensamientos, solo verlos pasar.
- Anclar en el cuerpo. Sentir la respiración, el peso de los pies, el movimiento.
- Crear pausas diarias. Un minuto de silencio antes de cada actividad mejora la claridad mental.
- Entrenar con constancia. Meditar no es hacerlo perfecto, es hacerlo todos los días.
La pausa como revolución
Hacia el final, Pergolini preguntó si realmente es posible cambiar la forma en que pensamos. Bachrach respondió con una frase que quedó flotando en el aire: “No somos lo que pensamos, somos quienes observan esos pensamientos”.
La reflexión dejó en claro que, en tiempos de hiperconexión, aprender a detenerse es un acto casi revolucionario.


