Una revisión sistemática de la Red Cochrane Iberoamericana analiza la verdadera eficacia del ayuno intermitente para bajar de peso. Tras examinar 22 ensayos clínicos con 1.995 participantes de Norteamérica, Europa, China, Australia y Sudamérica, los investigadores llegaron a una conclusión sorprendente: el ayuno intermitente no tendría un efecto clínicamente significativo sobre la pérdida de peso en comparación con los consejos alimentarios tradicionales o simplemente no hacer nada.
El neurocientífico Mark Mattson de Johns Hopkins Medicine, quien ha investigado este tema durante 25 años, sostiene en sus publicaciones que practicarlo de forma adecuada podría contribuir a disminuir la presión arterial, mejorar funciones cognitivas y reducir la incidencia de enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2. Sin embargo, también reconoce que los beneficios son modestos y que se requiere más investigación para establecer conclusiones definitivas.
Qué revelan los ensayos clínicos más recientes
Un ensayo clínico de seis meses realizado en 2025 mostró que los participantes presentaron descensos en triglicéridos y colesterol LDL. Según la coautora Krista Varady, estos resultados podrían derivarse de la disminución de grasa visceral, que incide directamente en la producción de lipoproteínas en el hígado.
La mayoría de los estudios analizados realizó un seguimiento de los participantes de hasta 12 meses. La revisión Cochrane comparó el ayuno intermitente con los consejos alimentarios tradicionales y con ninguna intervención. El hallazgo principal fue que no hubo diferencia significativa entre el ayuno y otras dietas en términos de pérdida de peso.
Además, Mattson sostiene que el ayuno intermitente puede aumentar la actividad del sistema parasimpático, favoreciendo la relajación y reduciendo la frecuencia cardíaca. Sin embargo, estos efectos varían considerablemente según el individuo.
Los puntos débiles de la evidencia actual
La información sobre los efectos secundarios no fue concordante entre los ensayos, lo que dificulta establecer conclusiones firmes. La mayoría de los estudios incluidos reclutaron predominantemente a poblaciones blancas en países de ingresos altos, según los investigadores de la Red Cochrane Iberoamericana.
Pocos ensayos han considerado los resultados a largo plazo del ayuno intermitente. Como señala Luis I. Garegnani, coordinador de la revisión, «la obesidad es una enfermedad crónica. Los ensayos a corto plazo dificultan guiar la toma de decisiones a largo plazo para médicos y pacientes».
Los autores advierten que estos resultados podrían dar pistas, pero que no se pueden extrapolar a toda la población, ya que podrían variar según el sexo, la edad, el origen étnico, el estado de la enfermedad o los trastornos alimentarios subyacentes.
El debate científico sigue abierto
En 2024, un adelanto de un estudio difundido en un congreso médico estadounidense sugería que las personas que realizaban ayuno intermitente presentaban mayor riesgo de muerte prematura por causas cardiovasculares. Sin embargo, la investigación solo extraía datos de una encuesta general sobre hábitos alimentarios, no de un ensayo controlado.
La revisión de Cochrane 2025 subraya que faltan estudios específicos que determinen qué tipo de ayuno, en qué condiciones y para qué grupos de personas sería más beneficioso o perjudicial.


