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El Gobierno nacional avanza con un cambio que podría transformar la forma en que se compran los libros en la Argentina. La iniciativa surge del Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado y ya generó un fuerte debate dentro del sector editorial.
El proyecto forma parte de la segunda etapa del plan «Hojarasca», impulsado por Federico Sturzenegger, y también incluye cambios en la venta de medicamentos y de garrafas. En el caso de los libros, el corazón de la propuesta apunta a una ley que rige desde 2001.
Qué es lo que está en juego
La discusión gira en torno a la Ley 25.542, sancionada hace casi 25 años, que obliga a que cada título se venda al mismo precio en cualquier librería del país, sin importar el tamaño del local o la ciudad.
El anteproyecto, de 144 páginas, propone derogarla y además modificar la Ley 25.446 de Fomento del Libro y la Lectura. A partir de acá, surgen cinco puntos centrales para entender el debate.
A favor: más competencia y una ley desactualizada
Desde el Ministerio de Desregulación sostienen que la medida hará que los libros sean más accesibles, al permitir que las librerías compitan con descuentos y promociones hoy prohibidos.
También argumentan que la norma no contempla el libro digital ni la venta online, porque no existían en 2001, y que perjudica a los libreros del interior, que hoy afrontan el costo del flete sin poder trasladarlo al precio final.
En contra: riesgo de concentración y cierre de librerías
La Cámara Argentina del Libro (CAL), que agrupa a unas 500 pymes editoriales, rechazó el proyecto y advirtió que pone en riesgo la supervivencia de las cerca de 1.200 librerías independientes del país.
Su presidente, Juan Manuel Pampín, señaló que al principio podrían aparecer ofertas, pero después llegarían «precios más altos, mayor concentración de la oferta y menor bibliodiversidad». La Fundación El Libro expresó su «profunda preocupación y firme rechazo».
Un consenso poco habitual en el sector
Uno de los datos más llamativos es que el rechazo no viene solo de las librerías chicas: según la CAL, también grandes cadenas y editoriales, como Penguin Random House y Yenny, respaldan mantener la ley vigente.
La norma argentina se inspiró en la Ley Lang francesa de 1981. Su antecedente inmediato fue la llegada de Carrefour al país en 2001, cuando el supermercado empezó a ofrecer descuentos agresivos en los títulos más vendidos.
El anteproyecto todavía está bajo análisis del Poder Ejecutivo y no fue enviado al Congreso. Mientras tanto, editoriales, libreros y funcionarios se preparan para una discusión que promete extenderse en las próximas semanas.


